No voy a desvelar aquí lo que aportan los huevos a nuestra gastronomía ni lo apetecible que resultan cocinados en cualquiera de sus variantes. El huevo es un alimento económico y versátil, cualidad que le hace indispensable en nuestra cocina y su valor nutricional lo convierte en un SÚPER ALIMENTO aliado fundamental de la Dieta Mediterránea.
Aunque durante años se le ha considerado como contribuyente del aumento del colesterol LDL comúnmente
conocido como el malo, ya que es cierto que una yema de huevo contiene
colesterol, aproximadamente 200 mg. también lo es que nuestro organismo solo
absorbe el 15% del colesterol contenido en la totalidad de los alimentos que
ingerimos y que el alto contenido en ácidos grasos monoinsaturados y
poliinsaturados inherentes al huevo pueden contrarestar ese efecto y beneficiar altamente a nuestra salud cardiovascular.
Son muchos los estudios que avalan la falta de relación entre el huevo y
las enfermedades coronarias, siendo el realizado en el Departamento de Medicina Preventiva de la Universidad de Navarra el
primero en demostrar su inocuidad en un país europeo. Durante seis años, estos
investigadores hicieron el seguimiento a la dieta, el estilo de vida y las
enfermedades de 14.185 adultos jóvenes sanos al iniciarse el estudio. La
conclusión de dicho estudio fue publicada por la revista científica European Journal of
Clinical Nutrition, determinando que las personas que consumían
cuatro o más huevos de gallina por semana no tenían más riesgo de sufrir un
problema cardiovascular (infarto de miocardio, ictus, bypass u otro
procedimiento de revascularización coronaria) que aquellos que tomaban menos de
uno a la semana. Por lo que las causas de su acumulación hay que
buscarlas el tipo de hábitos de vida que cada uno tenemos: sedentarismo, tabaquismo.
COCINANDO SANO
Los huevos podemos disfrutarlos de muchas maneras diferentes aunque para mí el
alma de la fiesta es el huevo frito y
no hacer referencia a él sería casi un sacrilegio.
La clave para que en su preparación conserven todas sus propiedades organolépticas
y minimice el aporte de grasas saturadas, radica en el aceite utilizado y la temperatura
empleada.
ü El recipiente ha de
tener un tamaño y profundidad adecuado a fin de poder albergar una cantidad de
aceite considerable, que el producto se sumerja y no baje de temperatura.
ü Utilizaremos aceite de
oliva, a poder ser virgen, este soporta perfectamente las altas temperaturas manteniendo
sus propiedades dietéticas y nutritivas.
ü Comprobaremos la
temperatura del aceite e incorporaremos el huevo. La ideal para freír los
huevos es entre 160ºC y 180ºC.
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Una sencilla prueba es depositar una miga de pan en el aceite caliente, si esta
se sumerge y rebrota produciendo burbujas a su alrededor, el aceite está en su
punto.
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A esta temperatura el aceite de oliva se coagula formando una capa alrededor
del alimento que impide que el aceite penetre dentro del mismo evitando en el
huevo el efecto esponja reduciendo así la cantidad de grasa y creando una
textura dorada y crujiente.






